Arepas, con Una Pizca de Historia

Nuevo camión de comida venezolana en Tucson es cosa de familia.

July 9, 2015

Food TrucksIssue 13: July/August 2015

In the following story, Lourdes Medrano profiles the food truck Ricuras de Venezuela Arepas & More. Marlene Baquet opened the food truck with her husband, Steve, in 2014. That her Venezuelan food venture has been so well received, and experienced healthy growth in the past few months, took Baquet by surprise. But it was something that her late mother, Esther Sifontes, whose picture hangs in the food truck, had no doubt would occur, Baquet recalls. Read the full story in English here.

Dentro de una de las recién llegadas loncheras a Tucson, la fotografía de una mujer madura se destaca en una pared del fondo. Ella sonríe ampliamente, como si aprobara de la intensa actividad que se desarrolla en la pequeña cocina sobre ruedas.

Este día en particular María Alvalle y William Zambrano sirven arepas, cachapas, empanadas, y otros platillos típicos venezolanos a clientes que esperan en las mesas situadas debajo de una carpa blanca. El olor a arepas, que son como gorditas de maíz, flota en el aire.

Andrew y Anna Nelson están probando algunos de los alimentos del país sudamericano por primera vez, y dicen qué Ricuras de Venezuela Arepas & More es una buena adición al gran número de camiones de comida que circulan en Tucson. Maxine Gallego estaba ahí otra vez con su nieta Alexandria. Ambas llegaron por arepas mechadas, que están rellenas con carne deshebrada.

“He traído a mis hijos y nietos aquí desde que lo descubrí”, dice Gallego, refiriéndose al restaurante móvil.

Es ahí en la esquina noreste de Grant Road y Fairview Avenue que Ricuras de Venezuela se estaciona de martes a viernes. Los fines de semana se localiza en el centro de la ciudad, donde los que se divierten en clubes nocturnos llegan de noche a probar las ricuras detrás del Hotel Congress.

Que su negocio haya sido tan bien recibido, y que éste haya prosperado en tan solo meses, tomó a su propietaria Marlene Baquet por sorpresa. Aunque eso era algo que su difunta madre, Esther Sifontes, cuyo retrato está colgado dentro del camión, no dudaba que ocurriría, dice Baquet.

Los dueños de Ricuras de Venezuela Arepas & More, Marlene y Steve Baquet.

Los dueños de Ricuras de Venezuela Arepas & More, Marlene y Steve Baquet.

“Ella siempre hablaba de algun día poder abrir un restaurante venezolano”, agrega Baquet. “Ella decía que nos iría muy bien porque no conocíamos ningún restaurante en Tucson que se especializa en comida venezolana”.

Después que Sifontes falleció en mayo de 2014, Baquet se empeñó por cumplir los deseos de su madre y en la víspera del pasado año nuevo, Ricuras de Venezuela hizo su debut en el corazón de la ciudad.

Esa primera semana, Marlene tuvo a la mano 15 libras de carne para preparar los guisos que llevan sus platillos. Seis meses después unas 200 libras de carne duraban un poco más de una semana.

“Tenemos un producto único en esta área, y eso nos hace diferente”, dice Baquet. “Creo que es por eso que hemos tenido una buena acogida por parte de la gente”.

El negocio es un asunto de familia que implica no sólo a su esposo, Steve, sino también a sus hijos y otros familiares. Ella contrató unos cuantos empleados que trabajan en la lonchera mientras que ella y su marido dirigen una compañía de seguros. Pero cada semana, la cocina venezolana ocupa más de su tiempo. No es que eso le moleste a Baquet, pero ha tenido que ajustar su horario para poder dedicar más horas a preparar los guisos para el camión de comida en una cocina comercial en el sur de Tucson.

Los fines de semana, Ricuras de Venezuela se localiza en el centro de la ciudad, donde los que se divierten en clubes nocturnos llegan de noche a probar las ricuras detrás del Hotel Congress.

Los fines de semana, Ricuras de Venezuela se localiza en el centro de la ciudad, donde los que se divierten en clubes nocturnos llegan de noche a probar las ricuras detrás del Hotel Congress.

El otro día tuvo que llegar a la cocina antes de lo esperado debido a que su lonchera se había quedado sin picadillo, la carne molida que utiliza para rellenar empanadas de maíz. Es ahí, mientras mezcla la carne con especias, cilantro y cebolla picada que evoca las técnicas culinarias que aprendió observando a su madre cocinar en casa allá en el puerto de La Guaira, que queda a unas 15 millas de Caracas, la capital de Venezuela.

Su madre tenía un don para el guiso y cocinaba comidas excelentes para la familia con pocos y sencillos ingredientes, recuerda Baquet. “No éramos ricos, pero comíamos como reyes”.

Cuando los familiares y amigos cercanos le dicen que cocina igual que su madre, Baquet dice que es el mayor elogio que jamás podría recibir. “Si eso es cierto, entonces es la mano de mi madre que me guía”, añade.

Aunque Sifontes había anhelado establecer un restaurante, las muchas obligaciones de su hija le hicieron a Baquet decidirse por una lonchera porque pensó que como negocio pequeño sería más fácil de sobrellevar. Baquet estaba a punto de renunciar a la búsqueda de un camión que podría equipar a su gusto cuando encontró uno nuevo que estaba en venta. Lo compró de inmediato y lo pintó de amarillo, azul y rojo, los colores de la bandera venezolana.

Para la mayoría de las personas que llegan a la lonchera por bocadillos venezolanos, los colores brillantes del camión simplemente se suman a un ambiente festivo marcado por la música salsa y la conversación. Pero para quienes conocen la historia de Venezuela, como los venezolanos que esperan a la lonchera en el centro todos los fines de semana, las arepas vienen envueltas en política y simbolismo.

“¡Esa es mi Venezuela”! es un grito patriótico que se escucha por parte de algunos expatriados cuando ven pintados en el camión la bandera venezolana con siete estrellas y un caballo blanco que galopa volteado hacia atrás.

Baquet está consciente de que la bandera de su país natal ahora tiene ocho estrellas y que el caballo en el escudo de armas ya galopa diferente. El presidente Hugo Chávez impulsó los controvertidos cambios antes de su muerte en 2013.

Más Baquet quiere que los símbolos en su camión reflejen la Venezuela del pasado, no la que hoy día está plagada de disturbios civiles y dificultades económicas.

En el camión de comida, las arepas se fríen ligeramente, se cortan por la mitad y se les quita el exceso de masa para luego rellenarse con carne.

En el camión de comida, las arepas se fríen ligeramente, se cortan por la mitad y se les quita el exceso de masa para luego rellenarse con carne.

“Cuando yo dejé Venezuela hace unos 20 años, no tenía ninguno de los problemas que tiene ahora”, puntualiza la empresaria. “De alguna manera, quiero preservar el país que dejé atrás que era un hermoso país, un país rico.”

Y aquí, en su país de adopción, ella quiere compartir un trozo de Venezuela a través de su comida.

“Quiero llevar al food truck de Ricuras de Venezuela a un nivel diferente”, ella dice.

Su objetivo es que la gente disfrute de la comida como si estuviera siendo servida en un restaurante predilecto, por lo que utiliza ingredientes de alta calidad—algunos orgánicos—y se esfuerza por la autenticidad y buena presentación.

María Alvalle, que ha trabajado en el camión desde que éste se puso en marcha, dice que a pesar de que ella y otros empleados ayudan a cortar verduras y hacer las arepas y empanadas, su meticulosa jefa aún concina todos los guisos.

Alvalle, al igual que otros empleados que trabajan en la lonchera junto con familiares de Baquet, es originaria de México pero se ha convertido en una experta en hacer las populares arepas. En el camión de comida, las arepas se fríen ligeramente, se cortan por la mitad y se les quita el exceso de masa para luego rellenarse con carne.

Alvalle, amiga de Baquet y su madre por varios años, dice que su jefa no es la única persona a la que Esther Sifontes sigue inspirando.

“Yo la veo en la foto, y siento su presencia aquí, ayudándome a hacer arepas”, dice Alvalle.

William Zambrano, el hijo de Baquet de una relación anterior, dice que aprendió hace mucho tiempo a hacer arepas porque creció rodeado de cocineras.

Pero en la lonchera él prefiere tomar pedidos y charlar con los clientes que quieren que su plato principal sea servido con un poco de historia.

“Los estadounidenses quieren saber más acerca de Venezuela y los venezolanos quieren platicar de cómo esta comida les recuerda a Venezuela”, dice.

Todo eso es música para los oídos de Baquet. Y aunque ella dice que el trabajo a veces puede resultar agotador, ya está pensando en una posible franquicia.

Si eso hace feliz a su esposa, Steve Baquet estará de su parte. “Esto es realmente la pasión y el sueño de ella y de su madre, y yo estoy aqui para apoyar”. ✜

Radicada en Tucson, la periodista Lourdes Medrano comparte historias de ambos lados de la frontera. Síguela en Twitter: @_lourdesmedrano







Previous Post

Capturing Water

Next Post

Arepas, Sprinkled with History