La sustentabilidad del agua

Limitar el agua a la que tienen acceso los agricultores pondrá en riesgo la seguridad alimentaria de la región.

September 1, 2014

EditorialIssue 8: September/October 2014

Este verano, los planificadores en cuestión de agua de la región hicieron un anuncio que cambió el panorama de la economía y la seguridad alimentaria ya de por sí frágil de Arizona. A causa de la sequía implacable que ha plagado la cuenca del río Colorado durante prácticamente los últimos 15 años podríamos empezar a ver restricciones en el uso de agua para irrigación en la agricultura en Arizona tan pronto como en el año 2017. Los planeadores admiten que los plantíos arizonianos irrigados por medio de canales del río Colorado y sus afluentes podrían perder hasta el 60 por ciento del agua que les corresponde durante la próxima década. Eso no es todo. De aquí al 2026, el racionamiento de agua obligatorio podría limitar la producción urbana de alimentos tanto en Tucson como en Phoenix, tal como ha sucedido en otras nueve ciudades del suroeste estadounidense.

A pesar de estas desconcertantes noticias, es común que los residentes de Arizona no vean la conexión entre el cambio climático y la seguridad hídrica y alimentaria del estado, ya que suponen que siempre se podrán tercerizar los alimentos —es decir, producirlos en otro lugar a través de la subcontratación— de México y California a precios asequibles (actualmente el 98 por ciento de los alimentos que se consumen en Arizona vienen de otros estados). Pero es probable que pronto veamos que se disparan los precios de esas «importaciones nutricionales», pues los agricultores en estados cercanos ya están enfrentando las consecuencias de la escasez del agua.

Al sur, la agricultura sonorense ha padecido sequías tan asoladoras que actualmente hay un conflicto político sobre la distribución de agua agrícola y urbana. La ciudad de Hermosillo ha iniciado trasvases de agua anteriormente apartados para la agricultura del sur de Sonora. Debido a esto, mujeres Yaquis han ocupado las calles, golpeando cucharones y comales para denunciar la pérdida de agua de riego que necesitan para los cultivos que alimentan a sus familias.

Al oeste, California se encuentra devastada por sequías. Ahí los precios del agua para riego han aumentado de $320 dólares por acre-pie a hasta $2,000 por acre-pie en menos de cinco años. El año pasado, los agricultores, huerteros y viticultores de California perdieron $1.7 mil millones de dólares a causa de la disminución en la producción de los cultivos, lo cual resultó en una pérdida de 15,000 empleos en el sector agrícola del estado.

En Nuevo México, los agricultores de nogal y de chile siempre habían recibido suficiente agua de río para irrigar sus cultivos de 8 a 10 veces al año; actualmente reciben de la presa Elephant Butte una cantidad de agua equivalente a un solo riego. Así que han iniciado la perforación de cientos de pozos nuevos, muchos de los cuales tienen agua tan salada que a los científicos les preocupa que se generen costras de suelo salino y disminuya la productividad de los cultivos.

Con sequías, ondas de calor y escasez de agua que indican un cambio climático acelerado en el 38 por ciento de los 48 estados meridionales, pronto habrá pocos lugares en Norteamérica de los cuales Arizona pueda obtener alimentos frescos y asequibles. Los precios de los combustibles fósiles y del agua han aumentado el costo de la producción agrícola tanto que el cambio climático es ahora un factor clave en el incremento de precios de los alimentos nutritivos, al punto de ponerlos fuera del alcance de los pobres. Lamentablemente aún no estamos preparados para los impactos del cambio climático acelerado en nuestro suministro de alimentos, pero es importante que nos demos cuenta de que la tercerización agrícola es una opción cada vez menos viable.

En Baja Arizona, una gran cantidad de nuestra agua para agricultura se utiliza en el cultivo de algodón, forraje y nueces para exportación en lugar de usarse para alimentos que permanecen dentro del estado. Mientras muchos de nuestros agricultores se aferran a la producción de cultivos que no nos alimentan directamente, los niveles de agua subterránea en la cuenca superior del río Santa Cruz bajan en promedio dos pies cada año. A la vez, el lago Mead y el lago Powell contienen menos del 45 por ciento del volumen que contenían en el pasado. Entre 2007 y 2012, mientras el crecimiento urbano y suburbano usurpaba el agua antes reservada para la agricultura, Arizona perdió 112,000 acres en tierras arables irrigadas. En Green Valley, es probable que la producción agrícola pierda aproximadamente 10,000 acre-pies durante la próxima década, mientras el consumo de agua urbano aumentará en una cantidad igual durante el mismo periodo.

Cada vez que extraemos agua permanentemente de los paisajes agrarios para sostener el crecimiento urbano disminuimos nuestra capacidad de producir alimentos para sustentarnos.

No sugerimos que los agricultores y los que cultivan jardines en Baja Arizona deberían de tener rienda suelta para usar toda el agua que desean. Al contrario, se les debe de dar incentivos financieros y asesoría técnica sobre cómo adoptar estrategias de ahorro de agua. Como nos dijo recientemente Howard Buffett, agricultor y filántropo del condado Cochise, «creo que no debería de haber ni un solo acre de riego por inundación [para los cultivos en hilera] en Arizona. Si se implementan comprensivamente los sistemas de riego por goteo y los sistemas con pivote central, se puede decir de manera realista que los agricultores de Arizona pueden reducir a la mitad el agua que desperdician».

Mientras Buffett ya ha implementado un conjunto de soluciones que incluye tecnologías para el ahorro de agua tales como el riego por goteo, el riego por pivote central modificado, la nivelación con rayo láser y la rotación de cultivos, otros trabajan para mejorar el uso del agua de lluvia, las aguas grises y el agua de tormenta. Otros recurren al uso de semillas adaptadas al desierto, seleccionadas o desarrolladas por los agricultores mismos, para buscar forjar soluciones perdurables. No hay una solución única que sea suficiente para reducir la cantidad total de agua que conlleva cada eslabón de la cadena de suministro alimentario, para reducir drásticamente el desperdicio de agua y crear soluciones perdurables.

¿No es hora ya de enfrentar la escasez de agua aquí en nuestra propia tierra, y promover una cultura que valora la conservación del agua y la seguridad alimentaria? ¿Hay maneras de aprovechar mejor nuestra biodiversidad alimentaria adaptada al desierto para aliviar la pobreza y el hambre que aun azota a tantos habitantes del sur de Arizona?

Debemos desafiar a las fuerzas económicas y políticas que nos han llevado a fingir que nuestro suministro de agua no es insostenible, y debemos encontrar maneras de cultivar, distribuir y utilizar los alimentos de este lugar sin gastar agua excesivamente.

Gary Paul Nabhan es el autor de Growing Food in a Hotter, Drier Land (El cultivo de alimentos en una tierra más seca y cálida). Rafael de Grenade es la autora de Stilwater: Finding Wild Mercy in the Outback (Stilwater: descubrir la salvaje clemencia del interior de Australia). Ambos trabajan con cuestiones de seguridad alimentaria e hídrica en la Universidad de Arizona, por medio del Southwest Center y el Udall Center for Studies in Public Policy (Centro Udall de Estudios en Políticas Públicas), respectivamente.


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