Mujeres Creadoras

En el Café del YW, los sándwiches y el café expreso forman parte de una empresa que busca crear más que un simple almuerzo.

September 1, 2014

Issue 8: September/October 2014Table

El ajetreo de la hora del almuerzo ha pasado, pero todavía queda un sándwich por hacer. Yolanda Anton, una empleada de medio tiempo en el YWCA de Tucson, prepara con esmero la última orden para llevar, un sándwich hecho con aguacate, queso de cabra local, tomate y mayonesa de la casa con sriracha. Anton sonríe y dice, «Tienes que tener buena actitud y hacer el sándwich con amor. Así sabe mejor».

A su alrededor otras mujeres están ocupadas. Una está haciendo té, otra está preparando una charola de fruta; otra más está revisando el próximo servicio de banquetes. Mientras ellas intercambian anécdotas, la risa invade la cocina. Nadie adivinaría que estas mujeres llevan a penas unos meses trabajando juntas.

Por casi 100 años, desde su fundación en 1917, el YWCA de Tucson se ha esforzado por mejorar la vida de las mujeres en nuestra comunidad y ofrecerles un «espacio para reunirse y establecer conexiones entre ellas, para pensar, planear y actuar en conjunto». Entre los programas que se ofrecen hay un taller de cuatro días para el desarrollo de habilidades laborales, clases para el examen GED y para el desarrollo del liderazgo. Incluso tienen un guardarropa lleno de atuendos profesionales, disponibles de manera gratuita para las mujeres que se están preparando para tener su primer entrevista o trabajo. Todo lo anterior tiene una meta: empoderar a las mujeres. Recientemente agregaron una herramienta más para dicho empoderamiento: un café.

En febrero el YWCA de Tucson celebró la gran apertura de un café en su edificio histórico en Bonita Avenue. El café está abierto de lunes a viernes, de 7:30 a.m. a 2:30 p.m., y ofrece ensaladas y sándwiches, así como servicio de banquetes. Pero el Café del YW es algo más que un lugar donde comprar una deliciosa taza de café —les brinda capacitación laboral a mujeres en situaciones de riesgo. En una industria en la cual el 60% de los negocios nuevos fracasan, la meta del Café trasciende la simple idea de ser rentable; su misión gira en torno a la comunidad

La recesión de 2008 afectó profundamente a muchas organizaciones sin fines de lucro. Las subvenciones gubernamentales y el apoyo de las corporaciones desaparecieron, lo cual forzó a muchas organizaciones a analizar con detenimiento la posibilidad de diversificar sus fuentes de ingresos. Para algunas de estas organizaciones las empresas sociales resultaron ser una solución.

Una empresa social es simplemente un negocio que proporciona ingresos a organizaciones sin fines de lucro —las galletas de las Girl Scouts, por ejemplo. La venta de galletas no solo ayuda a las tropas de Girl Scouts a recaudar dinero, sino que al vender galletas, las niñas desarrollan un espíritu emprendedor y aprenden el valor de la perseverancia y el trabajo arduo. La venta de galletas por parte de la organización cimienta su misión de forjar «niñas con valentía, confianza y carácter».

Kelly Fryer, la directora ejecutiva del YWCA, fue una Girl Scout —y una destacada vendedora de galletas. Cuando ella llegó al YWCA en 2012, el consejo directivo quería analizar con mayor detenimiento su base de estabilidad financiera, y Fryer impulsó el uso de empresas sociales como una forma de fortalecer tanto las ganancias como los programas de la organización.

Cada año, más de 25,000 personas pasan por el edificio del YWCA, tanto para participar en los programas que ofrece, como para asistir a eventos de la comunidad. Un día, mientras Fryer estaba en el vestíbulo viendo pasar una charola de comida tras otra para dichos eventos, pensó «Esto parece una buena oportunidad para abrir un negocio». Tenían una cocina; tenían personas que querían recibir capacitación laboral; y tenían personas que necesitaban ser alimentadas. Lo único que hacía falta era una persona que estuviera tan entusiasmada como Fryer para encabezar el proyecto.

Liane Hernandez tenía experiencia en el mundo culinario. Se inició como lavaplatos en Bentley’s House of Coffee & Tea, trabajó como chef de banquetes en el complejo hotelero Loews Ventana Canyon, y antes de llegar al YW estaba trabajando como asistente del chef en el restaurante Proper. A lo largo de los años, Hernandez ha cargado con una pregunta: «¿Cómo puede uno contribuir más allá de la preparación de almuerzos?» Para Hernandez, el objetivo no se limitaba solo a la comida, sino que se extendía a la persona que la estaba preparando.

Cuenta Fryer que un día «Estaba tomando una copa de vino en Proper, en una reunión con Debbie Rich, la directora ejecutiva de las Girl Scouts, cuando Liane se nos acercó a toda prisa. Se sentó frente a mí y me dijo, “Tengo que contarte mi sueño”». Si bien ellas habían hablado en muchas ocasiones, esa era la primera vez que compartían sus visiones a largo plazo. El momento no pudo haber sido más oportuno. Ocho semanas después de este breve encuentro, Hernandez ya formaba parte del equipo de trabajo de Fryer, y había nacido el Café del YW.

YWCA

Los siguientes seis meses fueron un torbellino. Encontrar el camioncito de comida fue la parte fácil —lo difícil fue traerlo hasta Tucson y tramitar las licencias. Las solicitudes de permisos del Departamento de Salud, la instalación de recolectores de grasa y de sistemas de tratamiento de aguas residuales empezaron a acaparar los días de Hernandez. Pasó horas investigando los éxitos y fracasos de otros YWCA que tenían empresas similares. Y por si fuera poco, faltaba el menú.

La cocina del YWCA no tiene hornos ni estufas, lo cual significaba que la única comida que podían ofrecer tendría que ser fría. Desde el principio, tanto Hernandez como Fryer estaban comprometidas con la idea de utilizar productos locales frescos. El Café del YWCA compra café de Bisbee Coffee Company, té de Maya Tea Company, verduras orgánicas de McClendon’s Select y pan de Small Planet Bakery. Al combinar productos locales con la preparación en frío e ingredientes de calidad, el Café del YW busca ofrecer comida saludable a precios bajos —se puede comprar un sándwich con guarnición por apenas $4.50.

«Hemos recibido un gran apoyo de muchas personas. Parece un proceso muy natural», afirma Hernandez. La visión del Café va más allá de los sándwiches y el café. Durante el otoño el YWCA espera crear un programa de capacitación laboral en el Café. Al enfocarlo en mujeres de entre 18 y 24 años, que empiezan a rebasar la edad para poder acogerse al sistema de hogares adoptivos, el Café espera que el programa sirva como una plataforma para que estas mujeres accedan al mundo laboral. Hernandez y su equipo de trabajo esperan contratar a 10 mujeres en pasantías de 20 horas por semana. Mediante la integración de las pasantías con los talleres de capacitación laboral llamados Y-Works Skills for Successful Employment (Habilidades para el Éxito en el Empleo), así como a través del trabajo conjunto con programas externos, tales como Caridad Community Kitchen (Cocina Comunitaria Caridad), en el Community Food Bank (Banco de Alimentos de la Comunidad), Fryer y Hernandez desean empoderar a las mujeres participantes por medio de un paquete de apoyo para el desarrollo profesional muy completo.

El Café tiene dos empleadas de medio tiempo, una de tiempo completo y una voluntaria llamada Flo Meador, quien ha sido voluntaria en el YWCA por más de cuatro años y ha sido testigo que la transformación que el café ha generado. «Durante los primeros años que estuve aquí, en el vestíbulo había silencio y ecos», dice Mador. Ahora el vestíbulo está lleno de risas y voces que conversan. Las tareas que Meador hace como voluntaria incluyen, entre otras, ayudar con los preparativos de la cocina, cortar fruta, preparar charolas y hacer cualquier otra cosa que se necesite. Está emocionada por el programa de capacitación laboral. «Estamos viendo la posibilidad de que yo asista al programa de la Caridad Community Kitchen », dice. «Estudié para ser maestra de economía doméstica, pero las drogas me alejaron de mi profesión. Ya es hora de que la recupere».

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Yolanda Anton trabaja junto con Meador. En 2011 Anton perdió su trabajo, el cual consistía en preparar almuerzos para una escuela secundaria privada. «Sentí que de pronto mi mundo estaba de cabeza», dice. «No sabía a donde ir». Como tenía tres niños que mantener, recurrió a ResCare, una agencia de empleo temporal. La colocaron como recepcionista en el YWCA, en donde rápidamente la contrataron como empleada de medio tiempo. «Nunca me imaginé que estaría aquí, preparando platos y sirviéndole comida a la gente», dice. «Es impresionante lo que una puede descubrir acerca de una misma».

«He aprendido mucho acerca de mí misma gracias a mi trabajo en cocinas y restaurantes», afirma Hernandez. «La cocina está repleta de oportunidades para aprender», dice —precisamente el mismo tipo de oportunidades que el YW espera brindarle a un grupo de pasantes haciendo prácticas profesionales. «Aquí podemos hacer un poco de espacio para cierto margen de error. Cuando uno tiene que preparar tres comidas al día [para] 350 personas, hay una actitud de “¡Órale, a darle!”. Aunque yo quiera enseñarte algo y traerte conmigo en este proceso de aprendizaje, tú también tienes que poner de tu parte y aprender por ti misma».

En la cocina del YW «tenemos la oportunidad de poner a la gente al día y enseñarles las preguntas que deben hacer, e impulsarlas a pensar qué cosas deben preguntar. Una parte de lo que hacemos, una parte de nuestra misión, es empoderar a las mujeres, y creo que el tener la habilidad de hacer preguntas y de planteárselas una misma es muy importante en ese proceso».

Para poner en marcha el programa de capacitación laboral, el Café necesita generar suficientes ingresos para cubrir el sueldo de 10 pasantes. Con eso en mente, Hernandez está concentrada en desarrollar el programa de servicio de banquetes, el cual ofrece sándwiches y ensaladas para eventos en el YWCA y para pequeñas reuniones a domicilio. También se ofrecen almuerzos para llevar, los cuales han resultado ser muy populares en las oficinas y negocios cercanos.

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En opinión de Hernandez, la comida crea comunidad. Y Fryer está de acuerdo. «Es evidente que el edificio del YWCA fue construido como un centro comunitario. Es un lugar donde la gente puede pasar el rato, compartir comida e intercambiar historias», dice Fryer. «El Café del YWCA está ya cumpliendo esa visión original».

Anton coincide en que el Café logrará cumplir la misión del YWCA: «Si [las pasantes] llegan con una falta de confianza, y nosotros podemos devolvérsela, enseñándoles que “yo puedo hacer esto, mira esta obra de arte que acabo de crear”, si ven a la gente comiendo y disfrutando lo que ellas han hecho, eso les ayudará a las mujeres a empoderarse a sí mismas, para que se incorporen a la población activa y participen en todo lo demás».

El Café del YW. 525 N. Bonita Ave. 520.884.7810 YWCATucson.org.

Alicynn Fink se graduó recientemente de la University of Gastronomic Sciences (Universidad de Ciencias Gastronómicas) y es una aficionada a la comida que pasa la mayor parte de su tiempo aprendiendo acerca de los sistemas alimentarios.

 


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